A Practical Look at the First Week
Cuando arranqué desde Mendoza con la idea de llegar hasta Bariloche, tenía un plan escrito en papel y una lista de repuestos que ocupaba media alforja. La primera semana me enseñó que el plan importa menos que la capacidad de ajustarlo sobre la marcha. El clima, el estado del ripio y el cansancio real terminan decidiendo por vos.
El primer día fue engañoso: asfalto perfecto hasta San Rafael, sol a pleno y el viento a favor. El segundo día cambió todo. A la altura de El Sosneado, el viento cruzado me obligó a bajar la velocidad a 60 km/h y a sujetar el manubrio con fuerza. Ahí entendí que la distancia prevista para esa etapa no se iba a cumplir, y que estaba bien así.
Lo que más me sorprendió no fue el terreno, sino la logística. Los puntos de combustible están más separados de lo que dicen los mapas, y en varios pueblos no había gasoil premium. Tuve que adaptar el ritmo de consumo y cargar en cada estación que encontraba, aunque el tanque estuviera medio lleno. Esa regla simple me salvó más de una vez.
También aprendí a escuchar la moto. Un ruido metálico en la cadena apareció al cuarto día, justo después de un tramo de arena suelta. Paré en un puesto de ruta, ajusté la tensión con la herramienta que llevaba en el kit y seguí. Sin esa revisión diaria, el problema se habría convertido en un cambio de transmisión completo en plena nada.
El alojamiento fue otra lección. Los campings municipales y las estancias que aceptan viajeros son más confiables que los hoteles de ruta, que suelen estar llenos o cerrados fuera de temporada. La primera noche dormí en un refugio de montaña compartido con dos ciclistas; la segunda, en un galpón prestado por un puestero. Ninguna de las dos opciones estaba en mi plan original.
Si estás organizando tu primera salida larga, te recomiendo que no subestimes la primera semana. Es el período de ajuste donde descubrís qué llevás de más, qué te falta y cómo responde tu cuerpo a ocho horas de ruta. Anotá cada parada, cada consumo y cada sensación. Esa información vale más que cualquier reseña.
La conclusión de esos primeros siete días es simple: la ruta se hace con margen. Margen de tiempo, de combustible, de energía y de paciencia. Cuando aceptás que no vas a cumplir el cronograma original, la experiencia mejora y el viaje empieza a tener sentido.
Antes de salir, revisá el estado de la cadena, llevá un kit básico de herramientas y planificá las cargas de combustible con un margen del 20% sobre lo que indican los mapas. La primera semana es un ensayo general: usala para ajustar todo lo demás.